Gestionar el estrés cuando lideramos no consiste únicamente en aprender a hacer frente a una agenda llena o a reducir la presión. También implica comprender cómo nos afecta la incertidumbre, cómo interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor y cómo nos lideramos cuando las cosas se complican.

En este artículo exploro la relación entre estrés, liderazgo y autoliderazgo, y comparto seis técnicas de comunicación que pueden ayudarte a relacionarte de otra manera con aquellas situaciones que te generan tensión.

Las causas del estrés mientras lideramos nuestra vida.

Para nuestros antepasados, la presencia de algún animal violento, como un león, podía desencadenar una respuesta de estrés. Las amenazas ponían en riesgo su vida y eran temas serios. Esta respuesta puede ser útil cuando necesitamos reaccionar ante una amenaza concreta.

En la actualidad, sin este tipo de agentes inquietantes, las causas de estrés tienen más que ver con la no gestión de la incertidumbreLo nuevo, lo impredecible y la sensación de no control son los factores que nos traen de cabeza, y nos generan tensión máxima.

decisiones y estrés
decisiones y estrés
A estas razones hay que sumar una que sí tiene que ver con nuestra naturaleza y que pervive a través de los tiempos: la percepción de estar en peligro.

Estrés

Etimología

Proviene del verbo latino stringere,
que significa "apretar, comprimir, tensar"

Los síntomas del estrés en el cuerpo: Señales previas y consecuencias.

Ante un peligro, el miedo acelera nuestro corazón, ralentiza el riego de los órganos no esenciales, los pulmones procesan aire más rápido para llevar más energía al organismo, y los músculos se preparan para reaccionar y garantizar la supervivencia. 

El problema aparece cuando permanecemos demasiado tiempo en tensión o cuando interpretamos como amenazas situaciones que no requieren una respuesta de supervivencia.

Antes de que sintamos los efectos más graves del estrés, nuestro cuerpo puede ofrecernos señales de que algo no está funcionando bien.

Una de ellas puede estar relacionada con la digestión. Otra, con la necesidad de buscar recompensas inmediatas que nos ayuden a aliviar temporalmente la tensión. Es así como determinados hábitos pueden instalarse como una forma de compensar el malestar.

Representación artística de un cerebro dividido: un lado con rayos azules de estrés (cortisol) y el otro floreciendo con raíces doradas de coherencia e intuición.
¿Supervivencia o creación? Tu sistema nervioso decide tu éxito.
Cuando sentimos incomodidad o incertidumbre, nuestro cerebro busca respuestas que le permitan recuperar sensación de seguridad y control.
Cuando la activación aumenta, nuestra capacidad para concentrarnos, reflexionar y tomar decisiones puede verse afectada. También puede resultarnos más difícil interpretar una situación con perspectiva y relacionarnos con otras personas de la manera que nos gustaría.

Por eso, cuando estamos sometidos a mucho estrés, podemos terminar viendo las situaciones como más amenazantes de lo que realmente son.

En estos casos, aquí te cuento unos truquitos para recobrar la cordura

El estrés puede afectar a nuestra manera de decidir, comunicarnos y relacionarnos.

Consecuencias del estrés mantenido en el tiempo.

Cuando el estrés se mantiene durante demasiado tiempo, puede tener consecuencias importantes sobre nuestro bienestar físico y emocional. Por eso no se trata de normalizar vivir permanentemente tensionados ni de considerar que el estrés es simplemente el precio que tenemos que pagar por conseguir resultados. Hablar de salud mental en el trabajo implica prestar atención a cómo estamos gestionando la presión cotidiana.

El estrés crónico en nuestro cuerpo.

El estrés genera  el cortisol y bloque la producción de testosterona. Si el hipocampo lo recibe como una alerta roja, cede el control a la amígdala, que es el centro del miedo en el cerebro. Entonces ella ordena disminuir el funcionamiento del hipocampo, de modo que dejamos de aprender, de fijar recuerdos y de eliminar el estrés. En definitiva, dejamos de razonar. El córtex prefrontal disminuye su actividad, y no podemos concentrarnos ni reflexionar ni ser objetivos. 

También son el principal motivo por el que nuestro cerebro se hace viejo más rápidamente. Y son el factor predominante en los problemas cardiovasculares.

A mayor nivel de cortisol en nuestro cuerpo, mayor es el nivel de malestar interno. La respuesta más ligtht en estas circunstancias es buscar cómo recibir un premio para calmar temporalmente su tensión ante un futuro incierto o un vacío de información.  Pero así los malos hábitos que dañan nuestro cuerpo y nuestra economía se instalan. 

¿Qué está intentando decirnos nuestro estrés sobre la manera en la que estamos viviendo y liderando?

Reto

Etimología

Tiene origen en el latín "reputāre",
compuesto por el prefijo re- (repetición) y el verbo putāre que significa "calcular, considerar o contar"
Rostro humano fragmentado por una descarga eléctrica roja, simbolizando la tensión técnica y el burnout.
La tensión no se ve en los balances, pero te quema por dentro cada día.

¿Liderar es una tarea altamente estresante?

En un mundo complejo, en el que nunca conocemos suficientes variables para decidir con seguridad, es fácil dar por hecho que liderar implica estrés y limitarse a buscar maneras de manejarlo.

Pero quizá exista otra manera de abordarlo que tenga que ver con aprender a gestionar el estrés desde el autoliderazgo, es decir, desde la manera en que nos observamos, tomamos decisiones y respondemos ante la presión.

Te ocupas de tomar decisiones estratégicas y de alto impacto,  diseñas estrategias que aporten valor a todos los grupos interesados, enfrentas situaciones cambiantes, optimizas procesos y tratas de mantener el equilibrio en medio de un entorno competitivo y en constante evolución. 

Buscas dejar huella pero, en muchas ocasiones, un exceso de responsabilidades puede terminar marcándote física y psíquicamente. Y cuando esta tensión se mantiene en el entorno laboral, también puede afectar a nuestra salud mental.

Dicen que un cerebro sin nada de estrés no es una vida feliz porque sin retos nos sentimos perdidos. Pero sobreestimamos la alegría que creemos que nos producirá conseguir un objetivo. El problema aparece cuando cada reto se convierte en tensión permanente. 

Quizá no se trate únicamente de tener mucho que hacer, sino de ver lo que estamos ignorando.

El estrés viene de ignorar cosas que no deberías de ignorar.
Aunque no se resuelvan,
el mero hecho de abordar la situación
reduce drásticamente el estrés.

¿Por qué estoy estresad@? La raíz profunda del estrés.

Si entendemos que un líder es el responsable del personal, del buen funcionamiento de la organización, de alcanzar los resultados esperados, de garantizar la rentabilidad a los accionistas y de gestionar las dificultades que aparezcan, bajo estas premisas, liderar es estrés

Desde esa óptica, es imposible que el éxito esté asociado a mayor libertad. Son tantos los parámetros que tratamos de controlar que terminamos normalizando vivir tensionados.

Estas sobrecargado o sobrecargada de tareas y obligaciones. Con tu agenda llena de compromisos, tu vida es correr y apagar fuegos.  Te falta tiempo para todo lo que tienes que hacer.  Y te has convencido de que no tienes otra elección. 

El estrés aumenta al relacionarnos.

El estrés no aparece únicamente por la cantidad de trabajo. También surge en nuestras relaciones.

En la apariencia, son las circunstancias externas las que nos generan  sintomatología de estrés y, en la mayoría de las ocasiones, esos escenarios tienen que ver con relaciones interpersonales: la organización de una boda o de una mudanza, un divorcio, el nacimiento de un hijo, conflictos laborales, dificultades para pagar las facturas, una enfermedad,…  Si observas, el estrés acostumbra a nacer acompañado de otras personas.

Los gritos, los insultos, los comentarios despectivos, las comparaciones, las críticas, las faltas de escucha, los consejos no pedidos, las opiniones destructivas o las promesas no cumplidas pueden formar parte de nuestra normalidad sin que nos demos cuenta del impacto que tienen sobre nosotros.

En tu día a día, son muchos los escenarios que interpretas como faltas de respeto. Las reacciones de otras personas no cumplen con tus expectativas de conducta cordial y hasta tienen la capacidad de ocasionarte dolor. 

Recibir información negativa o alarmante, sentirse abrumado por las responsabilidades, la falta de control sobre las situaciones o presionarse a mantener una imagen perfecta son fuentes habituales de tu estrés.

O puede que estés en una situación en la que te sientes atrapado o atrapada. No sabes cómo poner límites o hacerle frente. 

El estrés nace en compañía de otras personas.

¿Algo de esto te suena? Aunque no lo admitas, lo que estás viviendo puede estar obligándote a sacar algo de dentro de ti que hasta ahora no era evidente. Estás  fuera de tu zona de confort y te sientes frágil. A nuestro cerebro no le gustan estas sensaciones ni la falta de respuestas, y esta incertidumbre puede aumentar la tensión. En ocasiones, esa tensión exterior puede poner de manifiesto un conflicto interno que hasta entonces no habías querido mirar.

Liderar no significa endurecernos para soportar cualquier presión, sino un liderazgo sensible, capaz de reconocer lo que ocurre sin confundir sensibilidad con complacencia.

Gestionar el estrés en el trabajo no significa conseguir que desaparezcan todos los problemas, sino observar qué ocurre dentro de nosotros y qué decisiones podemos tomar para liderarnos de una manera más consciente.

Cuando todo es urgente en una organización, nada es verdaderamente importante.

La puerta de salida: Stop estrés

En cualquiera de los casos anteriores, creer que un otro tiene la capacidad de influir en mi estado emocional, o de atacarme con la palabra, o de robarme la energía o algo que me pertenece,… O cualquier pensamiento similar es estar alucinando. 

¿Qué parte de lo que estoy sintiendo pertenece realmente a la situación y qué parte tiene que ver con la interpretación que estoy haciendo de ella?

Creer que otra persona determina nuestro estado emocional nos coloca en una posición de falta de poder.

Por otra parte, forzar el cambio de comportamiento en un otro, tener reacciones sumisas o alejarse de esa persona que «me desestabiliza» para evitar escenarios de conflicto, pueden parecer soluciones fáciles, pero ninguna de ellas es la opción que lleva a reducir el estrés ni a comprender lo que está ocurriendo en nuestro interior. 

En un liderazgo acostumbrado a competir, a no admitir la vulnerabilidad y en el que subyace una falta de empoderamiento normalizada, resulta complicado abrirse a la idea de que el estrés también puede estar señalando que necesitamos revisar la forma en que estamos percibiendo una situación y relacionándonos con ella.

El estrés puede mostrar que no percibimos bien la realidad cuando interactuamos con otra persona.

Ataque

Etimología

Proviene del italiano "attaccare",
que significa "pegar"

El estrés: La señal para resetear nuestra percepción de la realidad.

Cuando sentimos incertidumbre, el cerebro busca de manera desesperada respuestas para tener sensación de control, pero lo que encuentra no siempre es sinónimo de la verdad. Simplemente ha llenado un espacio vacío, muchas veces, gracias a información del pasado, experiencias anteriores o interpretaciones que nos resultan familiares. Y, una vez construida la explicación, le cuesta ponerse a dudar del grado de confiabilidad o de su contemporaneidad. 

Por eso, cuando estamos bajo estrés, una de las herramientas más poderosas de autoliderazgo es recuperar la capacidad de observar antes de reaccionar.

Dicho esto, te presento 6 técnicas de comunicación que favorecen tu bienestar emocional y el de las personas que te rodean en momentos en los que se instaura la incomodidad en los escenarios que vivimos. 

6 Técnicas de comunicación para reducir el estrés en las relaciones.

Estas técnicas no pretenden que tengas siempre la razón ni que consigas cambiar el comportamiento de otras personas. Su propósito es ayudarte a relacionarte de una manera diferente cuando aparece la incomodidad, para que puedas sostener tu posición sin entrar en lucha.

Estas seis técnicas pueden servirte de faro cuando otras personas intentan llevarte a dudar de ti. En lugar de interpretar automáticamente sus actuaciones como una invasión de tu espacio personal o como una falta de respeto, puedes utilizarlas para observar qué está ocurriendo y relacionarte de otra manera.

1. Haz un sándwich.

Dar mensajes incómodos no es fácil. Para que la otra persona no los tome como un ataque, conviene decir algo bonito primero, lo negativo en medio y poner una idea positiva al final. 

Y una recomendación general es que si aquello que vas a decir no se puede solucionar en los siguientes cinco segundos, o te ahorras comentarlo o primero pides permiso antes de expresarlo porque no hay necesidad de dar una opinión que nadie te ha pedido y que, muchas veces, tiene más que ver con tus necesidades que con las del otro. 

Por ejemplo, aporta poco comentar que alguien ha engordado. Pero sí puede ser práctico hablar de lo bien que te sientan unas clases de yoga a las que esa persona que te importa se puede apuntar casi de manera instantánea si lo desea. 

2. Mira la película y saca la moraleja.

Mira la situación que te inquieta desde fuera. Como si estuvieras viendo una película.Después, respira y observa qué información está aportándote aquello que está ocurriendo. 

Cuando nos encontramos dentro de una situación es fácil identificarnos completamente con nuestra interpretación. Tomar cierta distancia permite observar otras posibilidades.

Si te metes en la película, haz como si supieras algo que crees no saber. De esta manera, cambiarás tu forma de comportarte y obtendrás resultados diferentes en la interacción. Después, también puedes cambiar la percepción que tienes de ti mismo/a. 

Por ejemplo, estoy ante un experto en cualquier materia. Se supone que no sé pero puedo utilizar mi sentido común y sacar conclusiones desde ahí. 

Si lo pones en práctica, observarás que, en muchas ocasiones, el creerse experto en algo lleva a dejar de saber sobre lo evidente.  Y a mayor acceso a la sabiduría interna, mayor es el empoderamiento. 

3. Repite como un disco rayado.

Cuando traten de hacerte el lío con ideas que no tienen nada que ver contigo, no necesitas entrar necesariamente en una justificación interminable. 

Puedes agradecer la propuesta alternativa y repetir tu postura con expresiones como “No puedo.” “No quiero hacerlo.” “No comparto esa opinión.” o “No es lo que he decidido.”

Empezar a dar razones que no te han pedido puede hacer que abandones tu centro intentando conseguir que la otra persona comprenda o apruebe tu decisión.

Si le estás dando vueltas sin parar a algo de lo que te han dicho, apaga la centrifugadora y hazte una única pregunta:  «¿Qué me molesta exactamente de lo que estoy escuchando?» 

Si otra persona consigue hacerte dudar o sacarte de tu paz, puede ser fuente de un aprendizaje preciado para ti. Seguramente tiene información útil que te abra nuevas puertas si dejas de protegerte o de batallear. 

¿Quién eres cuando el aplauso se apaga y solo quedas tú frente al espejo?

¿Qué esconde el estrés?

Algunas personas tienen la capacidad de tocar heridas pretéritas y activar miedos, y sentimos incomodidad. Sin embargo, con quienes nuestros mecanismos de protección funcionan, podemos sentir tranquilidad.
Su reacción tiene que ver con su historia, sus necesidades o su interpretación de lo que está ocurriendo. Podemos separar lo que la otra persona está haciendo de lo que nosotros decidimos hacer con ello.

La respuesta siempre es la misma:  Entró en miedo. Su reacción no tiene nada que ver contigo. Al acercarse a ti, se le pulsó un botón invisible que le hizo temer. 

Es sencillo. Damos credibilidad a sus palabras. Creemos que algo de lo que dijo es cierto. Puede que refleje cómo nos hablamos a nosotros mismos y escucharlo en alto no nos gusta. O esperábamos un comportamiento distinto en esa persona que creíamos necesitar.

Cuando no aceptamos algo de nosotros mismos, proyectamos en otras personas ese rechazo. Lo que detestamos en ellos está en nosotros  y la otra persona nos lo muestra si lo permitimos. Puede que incluso sintamos resentimiento hacia alguien pero si lo meditamos, es a nosotros mismos a quien no nos perdonamos por algo. 

Bueno o malo son conceptos que aprendemos y que ocultan una realidad más profunda que es conveniente descubrir.

4. Mantén la niebla

Cuando tengas certeza pero las personas con las que hablas no están abiertas a otros pensamientos, mantente en silencio pero no cambies tu opinión o tu decisión.  Confía en ti. No todas las conversaciones tienen que terminar con un acuerdo. En ocasiones, el autoliderazgo consiste precisamente en saber cuándo dejar de intentar convencer. En algún momento, puede que elijan salir de la niebla e intuitivamente tendrán la opción de acudir a ti.

5. Mata a la serpiente

En la cultura china, cuando alguien te intenta desestabilizar, en lugar de enfadarse o iniciar una batalla verbal, se es amable con esa persona. Esta reacción puede dejar sin argumentos a quien ataca y contribuir a recuperar la paz ambiental. No se trata de permitir cualquier comportamiento, sino de no entregar automáticamente nuestro estado emocional a aquello que otra persona está haciendo.

6. Reparto de la tarta

Analiza los hechos de la manera más objetiva posible. Después imagina que tienes delante una tarta. El 100% simboliza el total de la tarta. A partir de ahí, establece porciones de responsabilidad de lo que está pasando que repartirás entre todos los implicados. ¿Qué parte te corresponde? ¿A la otra persona? ¿Y a las circunstancias? De esta manera, observarás de manera objetiva en qué grado has de asumir las consecuencias de los hechos acontecidos según tus propias decisiones.  Sin apropiarte de la responsabilidad de otros.

Rostro cibernético en un panel de cristal que sonríe mientras una mano humana lo toca y brotan ramas doradas, representando la humanización de la tecnología y de los negocios.
Tu sensibilidad es el puente hacia una visión más profunda.

Aprender a liderarse difumina el estrés.

Hemos llegado al final de la descripción de 6 sencillas técnicas de comunicación que facilitan interactuar sin que nos siente mal o nos estrese. Estos trucos ayudan a respetar lo que deseamos conseguir sin que suponga entrar en lucha con los demás. 

Si, en algún momento, disponemos de información realmente valiosa, pionera u oportuna, confiar vehemente en uno a pesar de la rareza de la conclusión alcanzada puede fomentar que más personas accedan a un tesoro práctico y que se reduzca o elimine el nivel de estrés general casi siempre normalizado.  

Cuando conseguimos observar lo que sucede, distinguir nuestra responsabilidad de la de los demás, poner límites y comunicarnos desde un lugar más consciente, podemos recuperar espacio para reflexionar y decidir. Y ahí aparece el autoliderazgo. 

Porque gestionar el estrés en el liderazgo no consiste en aprender a hacer frente a más presión, sino en aprender a liderarte cuando la presión aparece.Ese es, para mí, uno de los caminos hacia un éxito con sentido.
Economía para Bruj@s
Economía para Bruj@s

Dejé de dopar mi sensibilidad con Prozac para inyectarle sentido común a la economía. Traduzco lo intangible para que lideres con el corazón. ✨

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