El valor de ser uno mismo para hacer historia.

En la mente de muchas personas, aparecen preguntas sobre cómo alcanzar el éxito o crear  impacto. Rumian estrategias para buscar cómo lograrlo. Después las llevan a cabo sin llegar, en muchas ocasiones, al objetivo deseado. No se les pasa por la cabeza la posibilidad de hacer historia simplemente siendo ellos mismos.  Sin preverlo.

Marcar la diferencia sin planearlo

Una mañana cualquiera, despiertas a una oportunidad que hará que tu vida y la de muchas personas sea diferente si decides conforme a lo que te dice tu sentido común, sin importar lo que opinen los demás. Y, ahí, sin buscarlo, casi sin pensarlo, marcas la diferencia.

Como si fueras Neo en Matrix y estuvieras delante de Morfeo, eligiendo entre la pastilla roja o la azúl, un día ordinario tienes la opción de hacer algo extraordinario

Un día normal es buen día para hacer historia

En nuestro afán de controlar el futuro y de adelantarnos a los acontecimientos como si tuviéramos una bola de cristal, nos cuesta abrirnos a ser sorprendidos por los acontecimientos. A mí me ha pasado. Pero mi historia la dejo para otro día. Hoy te voy a hablar de Katherine Gun.

liderazgo Katherine Gun hacer historia

Ella era una chica común que iba a trabajar. Su jornada laboral se presentaba como un día más. Sin ninguna pretensión.  Pero, sin saberlo, tomó una decisión que le cambió la vida para siempre. Tenía 28 años.

Una decisión no prevista que cambia tu vida

Con inestabilidad y dificultades económicas previas a la aparente calma

Estuvo trabajando como profesora pero lo dejó. Y, durante varios años, pasó de un trabajo temporal a otro. Tenía muchas dificultades para encontrar un puesto de su profesión. 

En 2001, se presentó a una oferta de trabajo en la Agencia de Inteligencia de Inglaterra (conocidas como GCHQ) que ni sabía lo que era y la cogieron.

Con conocimientos obtenidos por sus circunstancias

Su función consistía en traducir del chino mandarín al inglés los contenidos que le pasaban.  Y, aunque parezca un tarea difícil de desarrollar que no mucha gente puede hacer, ella aprendió el idioma por circunstancias de la vida. Con 3 años, su familia se mudó a Taiwán y estuvo allí hasta los 16.  No lo eligió. Simplemente pasó así porque su padre tomó una decisión que la influyó

Era viernes en el frío invierno de Inglaterra. Día 31 de enero de 2003. Estaba sentada frente a su ordenador en las oficinas donde trabajaba. De pronto, le entró un correo electrónico que la escandalizó. 

Un tal Frank Koza – de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos – solicitaba ayuda a la GCHQ para espiar a las 6 naciones indecisas en una votación del Consejo de Seguridad de la ONU que podía determinar la aprobación de la invasión de Irak.  Ese e-mail era la prueba de un plan para atacar este país urdido entre George Bush, el entonces presidente de Estados Unidos, y Tony Blair, el primer ministro británico.

Según su contrato laboral, ella debía guardar silencio sobre la información que allí se intercambiaba. Tampoco le estaba permitido sacar de la oficina ningún tipo de documentación. Así fue como actuaron el resto de sus compañeros ante el mensaje. Simplemente obedecieron. Pero ella no pudo. Su indignación era más fuerte. 

En secreto, se saltó ambas reglas y entregó una copia a un amigo para que lo hiciera llegar a los medios. No se lo contó ni a su marido aunque sabía que lo estaba arriesgando todo y que incluso podía ir a la cárcel. En ese momento, sólo pensaba en hacer todo lo posible para que la guerra no tuviera lugar.

Decisiones transcendentales que pasan a la historia

Durante algo más de un mes, parecía como si nada hubiera pasado. Ella continuó con su vida y participó en las manifestaciones en contra de la invasión.

De pronto, el 2 de marzo, el e-mail apareció en la portada de The Observer. Fue todo un escándalo porque a raíz de esta información aparecieron otras pruebas que confirmaban la información. 

En la agencia GCHQ, abrieron una investigación interna para aclarar quién había filtrado la información. Katharine no pudo fingir y confesó.

Fue arrestada durante 24 horas. Sin embargo, la guerra empezó y, ocho meses después, fue acusada de violar la Ley de Secretos Oficiales. 

El abogado defensor argumentó que tratar de detener una guerra ilegal pesaba más que sus obligaciones de guardar Secretos Oficiales y pedía que se revelara el asesoramiento legal inicial del fiscal general a Tony Blair antes de la invasión. La fiscalía alegó que mostrar esta documentación podía poner en riesgo la seguridad nacional. Y, cuando el juicio llegó, no tuvo lugar porque la fiscalía retiró los cargos sin dar ninguna explicación.

Así, acabaron sus días de película de acción. Movida por razones humanas y con corazón

 

Con su decisión, no consiguió detener la guerra porque hubo mucha gente con información que guardó silencio. Tampoco fue a la cárcel.  Y, después de un tiempo, su vida continuó como la de una persona normal, lejos de las cámaras, pero lo que hizo por un impulso que le vino de muy dentro y hoy aparece en los libros de historia. Incluso su hazaña llegó a los cines.  

Sólo actuó siendo fiel a sí misma. Con coherencia. Sin pensar en todo lo demás. Así hacer historia importa. Aporta valor y hace palpitar. Saca de dentro el amor que llevamos y su impacto construye. 

personajes con los que tratar de hacer historia

Acepta la posibilidad de que cualquier lugar es bueno para dejar huella. Pero el paso previo es atreverse a ser quien eres sin buscar cómo influir en los demás. Para ello, los personajes o los mecanismos de protección no te ayudarán.

Economía para Bruj@s
Economía para Bruj@s

Dejé de dopar mi sensibilidad con Prozac para inyectarle sentido común a la economía. Traduzco lo intangible para que lideres con el corazón. ✨

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