Te preguntas...
• ¿Qué me está pasando? • ¿Por qué, si tenía una vida exitosa, me siento tan mal ahora? • ¿Significa este diagnóstico de "ansiedad" que estoy roto o defectuoso? • ¿Tengo la culpa de estar sintiéndome así? • ¿Por qué me siento una persona distinta cuando estoy ante los demás? • ¿Qué puedo hacer cuando siento que la ansiedad aumenta como un huracán? • ¿Qué tengo que hacer para superar la ansiedad? • ¿Alguna vez volveré a ser la persona que era antes? • ¿Qué pasa si pierdo el control durante un ataque de ansiedad? • ¿Es esto mi culpa? • ¿Cuánto tiempo tendré que sentirme así antes de mejorar? • ¿Cómo puedo explicarles lo que me pasa a mis seres queridos?
Público Objetivo
Personas que, habiendo alcanzado un alto nivel de éxito en su vida, atraviesan un estado de agotamiento físico y emocional provocado por la ansiedad y buscan una vía de alivio alejada de los métodos tradicionales.
La falta de salud mental en números
Según el Ministerio de Sanidad, en 2023, los trastornos de la ansiedad afectan al 11% de la población, el doble a mujeres (14%) que a hombres (7%), y afectan a 3 de cada 100 menores de 25 años, en los que constituyen los problemas de salud mental más frecuentemente registrados.
Los problemas de salud mental más frecuentemente registrados en las historias clínicas de atención primaria son los trastornos de ansiedad, seguidos de los trastornos del sueño y de los trastornos depresivos con una tendencia creciente en los últimos años.
La prevalencia de estos trastornos aumenta con la edad, afectando más a las mujeres que a los hombres en todas las edades.
La comunidad Valencia fue la región en la que se prestaron más casos de trastornos de ansiedad en 2023.
En la infancia y en la adolescencia (en los menores de 25 años), los problemas de salud mental más frecuentemente registrados también son los trastornos de ansiedad, seguidos de los trastornos específicos del aprendizaje y los problemas hipercinéticos; presentando una tendencia creciente en los últimos años.
Ansiedad
Etimología
que significa "angustia, aflicción".
Esta palabra, a su vez, deriva del latín angor y el verbo ango ("estrechar, oprimir")
La ansiedad: Un problema de todos que crece
Un día cualquiera sientes que ya no eres quien eras. Las emociones campan a sus anchas, sin control y sin una causa racional. ¿Dónde quedó tu positividad desbordante? El dolor se apodera de ti y te introduce en un infierno. Estás en un pozo muy profundo del que no sabes cómo salir. Es una pesadilla. Eras una persona ganadora y esta sensación parece una maldición. Antes nada te podía detener. Eras a prueba de bombas.
Todo iba viento en popa y, de pronto, tu barco se está hundiendo. Además de toda la sintomatología, te sientes culpable. Parece el fin del mundo. Hasta hace dos días, podías con todo, y ahora has entrado en barrena y no ves la salida. En un abrir y cerrar de ojos, estás en caída libre. Contra las cuerdas.
Sientes que tus emociones se desbordan, sin encontrar una causa lógica aparente. Donde antes había una positividad desbordante, ahora aparece una intensidad que te sobrepasa. Es una sensación que paraliza, un estado en el que parece que has perdido tu brújula habitual. Lo que antes sentías como una seguridad inquebrantable, hoy se tambalea, haciéndote sentir que todo lo que dabas por sentado está cambiando radicalmente.
Un corazón herido contra las cuerdas
La ansiedad: Una espiral sin salida aparente
Tu mente ha generado un círculo vicioso del que te resulta complicado salir. Algo te asusta. Puede que ni esté presente el elemento de la discordia. A partir de pensamientos basados en tu experiencia del pasado, tu preocupación sube, lo que incrementa la sintomatología y, con ello, empeora tu estado de alarma y tu salud. Así se inicia una espiral que va subiendo de intensidad como si fuera un huracán aunque sea producto de la imaginación.
A pesar de las manifestaciones externas, los médicos te confirman que no tienes ninguna enfermedad orgánica ni una carencia de ningún neurotransmisor ni un defecto en tus mecanismos neurológicos. Esto no significa que no sea real o física, sino que su origen no es una disfunción estructural, sino una respuesta adaptativa del sistema nervioso que podemos aprender a regular.
Ahora ya tenemos un diagnóstico: «Es ansiedad». Poner nombre a lo que sentimos nos aporta un alivio inicial porque, al nombrar, el cerebro siente que comprende y se relaja. Sin embargo, esta etiqueta es solo el punto de partida; si nos quedamos únicamente en ella, el diagnóstico actúa como un parche que calma la superficie, pero no aborda las causas profundas. Para resolverlo de raíz, es necesario complementar esa comprensión técnica con un trabajo interno que te permita reconectar con tu esencia.
La clave está en que la ansiedad aparece cuando pierdes la estabilidad y el equilibrio porque tienes miedo al miedo o tratas de huir del dolor psíquico que almacenas.
Aunque no lo veas, la ansiedad es la oportunidad de encontrar profundidad en tu vida y hacer un reseteo en tus células. Por eso, a veces te sientes bien y otras mal. Algo dentro de ti sabe que viene a tu rescate para conectarte a un éxito con sentido.
Preocupación
Etimología
Sensación de irrealidad o desrealización
En tu día a día, aprendes a disimular que estás mal y te conviertes en un muy buen intérprete. Tanto, que sin darte cuenta, creas una vida a base del personaje. Normalizas vivir sufriendo. Aguantando. Pero tu corazón no está de acuerdo. Te acostumbras a comportarte como si nada ocurriera hasta que, al final, petas.
De tanto cubrirte de mecanismos de protección, te miras en el espejo y no te reconoces. Tu reflejo deja en evidencia que las cosas no son lo que parecen.
Para prestar atención a este malestar que sientes, la ansiedad te fuerza a quitarte el disfraz que te pusiste y a reconciliarte con tu ser auténtico.
Algo no funciona. Dudar de todo es el primer paso para iniciar un proceso de reseteo profundo, donde vas a recolocar cada pieza en su lugar. Sientes incertidumbre porque, al dejar a un lado las máscaras, no sabes qué quedará detrás. Es natural que asuste. Pero este momento no es una nueva función que debas ensayar para estar empoderado. Es simplemente un espacio para soltar el guion. Ya no necesitas ser ni actor ni protagonista. Basta con que te permitas, sencillamente, estar presente y observar qué surge en ti cuando dejas de intentar sostener el personaje.
Despersonalización
Nuestra esencia trasciende las etiquetas físicas y sociales que hemos adoptado (la profesión o un puesto específico, el físico, la edad, ser progenitor pareja de,…). En lugar de proyectar nuestra identidad en un personaje, el malestar te invita a regresar a ti mismo. Este proceso consiste en habitarte plenamente, soltando las limitaciones y expectativas que te impedían sentir tu verdadera naturaleza humana.
Tienes todo en la vida pero no eres feliz porque seguramente estés en el concepto de éxito de otra persona que nada tiene que ver contigo. Has dado muchos pasos aparentemente equivocados pero, sin ellos, no estarías donde estás. A punto de decidir de nuevo. Fueron perfectamente necesarios.
Creías que no tenías miedo a nada porque dejaste de sentir. Así te estabas perdiendo muchas cosas importantes. Ahora estás listo para hacerte preguntas existenciales y recuperarte.
El sentido de la vida no se encuentra mediante un análisis intelectual, sino al habitar tu experiencia sin juzgar. Al permitirte sentir, descubres con naturalidad que el estado de alerta era una constante previa a tu malestar físico y comprendes que, al desprenderte de las etiquetas, lo que antes llamabas autoestima (auto-estimarte) se desvanece porque deja de depender de lo que otros ven de ti. Al soltar la necesidad de sostener una imagen externa, descubres que hay una seguridad mucho más profunda, que no necesita ser construida ni protegida.
Llamabas poder y amor propio a soportar.
Claire Weeks buscó soluciones para ella y después las compartió
Cuando Claire Weeks era estudiante de medicina, allá por los años 30, padeció durante muchos años ansiedad lo que le dificultó su día a día. Para salir de la sintomatología que padecía, se topó con un método aparentemente infalible. A continuación, te expongo los 4 pasos que propuso y que le funcionaron, pero le añadiré una actualización en base a mi propia experiencia y a la información científica que se ha obtenido desde entonces.
Los métodos tradicionales, como el de Claire Weeks, nos invitaron a desarrollar fortaleza mediante la resistencia. Sin embargo, nuestra intención hoy es trascender esa idea de ‘fuerza como armadura’. No buscamos endurecernos, sino ganar flexibilidad. Reinterpretaremos su visión y donde antes se buscaba ser invulnerable, nos permitiremos ser sensibles, reconociendo que nuestra verdadera fortaleza nace precisamente de nuestra capacidad de sentir.
Desensibilización neuronal
Su método propone una exposición constante y persistente a los estímulos negativos que consiguen hacerte sentir mal para que el cerebro deje de percibirlo como algo peligroso. De este modo, paulatinamente la sintomatología desaparece una vez que la mente comprueba que no hay ningún león del que protegerse.
Paso 1. Acompañarte.
A veces se nos dice que debemos ‘afrontar’ la ansiedad, como si fuera un enemigo al que mirar a los ojos. Pero, ¿qué pasaría si, en lugar de afrontar, simplemente decidieras acompañarte? No se trata de sacar armas ni de demostrar que puedes con todo. Se trata de invitar a ese malestar a sentarse contigo, sin necesidad de combatirlo ni de expulsarlo, simplemente reconociendo que está ahí, formando parte de tu presente por un tiempo.
Es posible que aparezca la sensación de culpa al notar que ya no puedes mantener el ritmo de antes. Sin embargo, recuerda que lo que sientes no es un fallo de tu carácter ni una responsabilidad que debas cargar. La ansiedad no está aquí porque hayas hecho algo mal, sino porque tu sistema te está pidiendo un espacio para respirar que quizás le habías negado. No te culpes por necesitar este descanso.
Deja que la Caja de Pandora se abra y, en lugar de temer lo que pueda surgir, permítete abrir el espacio a todo lo que guardas dentro. No es una caja de males sino un lugar donde han quedado retenidas emociones que necesitan ser vistas. No hay nada ahí dentro que pueda destruirte. Solo hay partes de ti pidiendo ser reconocidas.
Por defecto, el cerebro evita todo lo que asocie con dolor, y no distingue entre presente y pasado. Cree que lo de ayer será lo mismo que sucederá hoy. El movimiento natural hacia la libertad comienza cuando dejas de huir de lo que tu mente percibe como desprotección. No se trata de una tarea que debas completar, ni de una batalla que debas ganar, sino simplemente de permitirte estar y de dejar de intentar evitar el malestar.
En su lugar, siéntate con él. Al observar tu propia experiencia sin huir, le das permiso a tu sistema nervioso para notar, por sí mismo, que el peligro que tu mente imaginaba no está ocurriendo aquí y ahora. Es un proceso de volver a casa y no de conquistar un territorio.
La determinación que utilizabas antes para salir a la vida ahora has de emplearla para mirar dentro de ti y exponerte a lo que te da miedo porque no te dejará secuelas negativas. Todo lo contrario. Te llevará a sentir más amor porque una vez que espantes ciertos fantasmas, tendrás más sitio en tu corazón.
Etimología
Paso 2. Aceptar
El siguiente movimiento implica cambiar tu filosofía de vida. Se acabó el actuar desde la necesidad de control, la huida o la presión externa. Toca detener la inercia, pero no para quedarse inmóvil, sino para conectar con el hacer desde el movimiento interior.
Muchos sienten que dejar de luchar es «rendirse», pero esto solo sucede si aún perciben su realidad como una batalla. Al abandonar la exigencia de imponerse al entorno, no te estás rindiendo ante un enemigo, sino dejando de ofrecer resistencia a tu propia esencia. Es al silenciar el ruido externo cuando el verdadero hacer comienza a brotar desde dentro, permitiéndote responder a la vida desde la autenticidad y no desde la reacción.
Permite que caiga la coraza para conectar con el mensaje que ese malestar intentaba comunicarte. Al dirigir tu atención hacia lo que sientes, dejas de interpretar el dolor y pasas a escucharlo desde tu interior. Al retirar la etiqueta de «amenaza», la ansiedad pierde el dominio que ejercía sobre ti. Este proceso de presencia permite que tu sistema se reajuste de forma natural, logrando que, al integrar ese movimiento interno, la ansiedad remita por sí sola.
En esta etapa, las células de tu cuerpo observan lo valioso que es sentir. Aunque a momentos te parezca que vas a enloquecer o a morir.
Paso 3. Confiar
Claire lo llama flotar porque es como si lentamente las emociones te llevaran. Pon presencia y amabilidad a lo que tratan de expresarte. Con delicadeza y mimo, la mente irá recuperando el equilibrio y el control.
Al exponerte, te lanzas al vacío o te dejas caer. Da vértigo, pero, en el camino, irás sacando a la luz un poder interno que viene de muy dentro. No tienes nada que arreglar en ti. Sólo te rindes de seguir siendo un figurante.
Tampoco necesitas ser salvado. El empoderamiento real irá resurgiendo sin más y te ofrecerá una seguridad independiente de las circunstancias. A mayor resistencias a tu poderío, más largo será el proceso y más duro te parecerá.
Perderá un poco de fuerza tu lado racional y le permitirás su lugar a tu intuición. Alcanzando el verdadero sentido común y dejando que las emociones te abran el corazón.
Sufres porque no confías. Resistes y sólo cedes cuando te agotas de sufrir. Confías cuando ya no te quedan fuerzas. Te cuesta aceptar que la respuesta muchas veces es «nada» («No sé nada.» «No tengo que hacer nada.» «No tengo nada que decidir.»)
Cuando te agotas de sufrir y ya no te quedan fuerzas, sólo puedes optar por confiar.
Paso 4. Renacer
Claire define esta etapa como Dejar pasar el tiempo pero no se trata de tiempo. La ansiedad te fuerza a renacer. Imagina que estás en un útero protegido a pesar de lo que acontece. Confiar en tu interior y aceptar esta nueva forma de habitarte es un camino para dejar de vivir en constante rechazo hacia ti mismo/a. La ansiedad puede fluctuar, pero al dejar de verla como algo que debe desaparecer, cambias tu relación con ella.
El renacer no se fuerza, sino que es algo que sucede de manera natural cuando, finalmente, dejas de sostener la ilusión que te separaba de ti mismo/a. Es el alivio natural que surge cuando dejas de esforzarte por encajar en un molde que ya no te pertenece.
No es un premio que te ganas a pulso después de mucho tiempo de esfuerzo ni has de pagar un precio por conseguirlo. Tampoco es una situación que superar y olvidar. No estás apostando ni arriesgando ni tienes nada que demostrar. Y mucho menos estás luchando contra la ansiedad. Ella sólo te fuerza a que vayas en una única dirección: La de dejar morir algo que estaba en ti pero que nunca fue real y que ya te no sirve. Estás permitiendo la fortaleza de tu sensibilidad y de tu vulnerabilidad.
Lo que aprendes gracias a la ansiedad
Se dice que el cerebro consume el veinte por ciento de la energía disponible en el cuerpo (alrededor de 20 watios de energía al día, lo que equivale a unas 500 kilocalorías) y, sin embargo, sólo representa el dos por ciento del peso promedio de una persona. ¿En qué gasta toda esta energía?
El cerebro consume la inmensa mayoría de la energía que utiliza en tratar de prever el futuro. Para ello, elucubra, imagina, alucina, sueña, inventa planea,… En definitiva, no está presente. ¿Qué muestra la ansiedad?
Que te cansaste de batallas, de victorias, de derrotas y de esfuerzos agotadores. La inflexibilidad se instauró en tu vida sin darte cuenta mientras cogías el peso de tomar muchas nuevas decisiones, y ya no puedes respirar. La ansiedad te enseña que hace mucho que tienes ira contra ti. Y esa energía retenida busca cómo reconvertirse en amor propio. ¿Cómo?
- Compruebas que tener miedo sólo significa que te importa.
- Empiezas a preferir ocuparte de ser feliz en lugar de perfecto: Sin auto exigencias ni auto castigos.
- Te das cuenta de que no te rinde buscar la aprobación.
- Tomas responsabilidad de tu vida. Sin culpables ni proyecciones.
- Observas lo liberador que es dejar a un lado las responsabilidades de otros.
- Reconceptuas lo que significa cuidar.
- Aceptas pedir ayuda.
- Te animas a sentir con intensidad.
- Te das cuenta de que la coraza que llamabas 'ser fuerte' te mantenía en una desconexión emocional.
- Experimentas que no hay nada que perder.
- Aparcas tu espíritu de supervivencia.
- Pierdes el miedo a no tener claridad.
- Muestras tu vulnerabilidad con paz.
- Y vuelves a jugar a ganar - ganar.
Ya no necesitas esa frialdad protectora y, al dejar de intentar ser invulnerable, permites que tu intuición y tu sensibilidad recuperen el espacio que el análisis lógico había ocupado por completo.
No se puede vivir en estado de alerta permanente. Analizando y pensando en los «por si acaso». Con acciones preventivas o estando siempre listo para los posibles desastres. Sin darte cuenta, por un tiempo, has naturalizado estar en los infiernos pero esto va a cambiar.
La ansiedad te abre la puerta a un mundo de infinitas posibilidades que ahora no ves. Puedo ser tu traductora de lo intangible en ese viaje. No para decirte hacia dónde ir, sino para que tú aprendas a leer lo que tu sistema nervioso está intentando decirte. Mi meta es que pronto no necesites traducción, porque habrás recuperado el contacto directo con tu propia brújula.
Yolanda
Traductora de lo Intangible
La ansiedad es una respuesta adaptativa y no una disfunción.
La ansiedad no es una enfermedad orgánica ni un fallo neurológico, sino una señal de que el sistema nervioso, ante un exceso de exigencia y desconexión, está pidiendo un espacio para regularse.
La salida de la ansiedad está en el empoderamiento de la sensibilidad.
La ansiedad actúa como un mecanismo que "desnuda" al individuo, obligándole a desprenderse de las máscaras, etiquetas y personajes que ha construido para cumplir con estándares externos de éxito que no le representan. La verdadera salida no es vencer a la ansiedad, sino abandonar la resistencia hacia la propia sensibilidad.
Cambio de filosofía: Del Hacer al Habitar.
El proceso de recuperación no requiere una técnica, una batalla o un esfuerzo intelectual, sino una invitación a estar presente, aceptando el malestar sin juzgarlo para permitir que el sistema se reajuste de forma natural.
El sufrimiento surge por intentar imponerse al entorno y luchar contra uno.
La Vulnerabilidad y la Sensibilidad como fortalezas.
La verdadera potencia no reside en la invulnerabilidad o en el control racional, sino en la capacidad de integrar la sensibilidad y la vulnerabilidad en el liderazgo, lo cual permite al individuo conectar con un propósito y un "éxito con sentido" propio.
Liderando con coherencia hacia un éxito con sentido.
El bienestar no es un premio que se obtiene al final de una lucha, sino el estado que surge espontáneamente cuando el individuo deja de sostener la ilusión de una identidad impuesta y se reconecta con su verdadera naturaleza humana.



