Te preguntas...
• ¿Por qué, en la práctica, me cuesta ver que de los errores se aprende, aunque lo sepa? • ¿Hasta qué punto me bloqueo por miedo a lo que digan los demás? • ¿Cómo me cambia la forma de afrontar las cosas el ver la vida como una constante batalla? • ¿Se puede probar cosas nuevas sin estar siempre pensando en si saldrán "bien" o "mal"? • ¿Por qué me pierdo el presente por andar obsesionado/a con tenerlo todo bajo control y querer resultados ya? • ¿Por qué, después de tanto esfuerzo por conseguir mis metas, a veces, me siento igual de vacío/a después de obtenerlas? • ¿Cómo puedo dejar de culparme y de llevar encima ese peso extra por cometer un error? • ¿Qué diferencia hay entre hacer las cosas por obligación y hacerlas porque realmente me salen de dentro? • ¿Cómo la forma en la que veo las cosas condiciona todo lo que me pasa? ¿Cómo podemos empezar a valorarnos más a nosotros mismos sin estar siempre pendientes de la aprobación de los demás?
Público Objetivo
Personas que han experimentado el éxito tradicional pero sienten un vacío existencial. Profesionales en momento de crisis o en "stop" en su vida profesional o personal, que sospechan que su "hoja de ruta" no les sirve, y están cuestionando sus mecanismos internos de toma de decisiones.
¿Para qué correr riesgos innecesarios? Mejor en reposo
Con la filosofía dual, si eres malo has de ser castigado y, así, muchos le hemos cogido miedo al fracaso porque tenemos la sensación de que si nos equivocamos, nos caerán hos****.
Cuando no sabes algo pero pruebas, otros lo utilizan para penalizarte. Tratan de disuadirte de que lo repitas. La motivación que te llevó a intentarlo no importa. Al final, como sin querer, se te mete la idea en el cuerpo de que no tienes que producir errores. Así que… «Mejor quietecitos.» Sin precipitarse. Para que no haya represalias.
Con el espíritu aventurero desactivado, haces lo mínimo necesario para salir adelante porque algo dentro de ti te dice que es probable que el escenario se repita o podría empeorar. Cuanto más catastrofista sea la visión, más fácil será caer en ansiedad o en depresión. Intentamos vivir sin sorpresas y con un día a día predecible y programado.
Así, en ocasiones, los desastres reales se ven venir y son la consecuencia de haber hecho lo mínimo o haber ignorado completamente lo que acontecía. Te convences de que no es tu responsabilidad luego no has de tomar acción. Pero no decidir es en sí mismo una decisión y te repercute. Y mientras procrastinas lo que te importa, es fácil que las prioridades de los demás empiecen a ocupar tu vida. Así te traicionas, dejas de elegir y rechazas tu derecho a existir.
que no intentas.
Conformarse
Etimología
Resistiendo como propósito
Vas camino al éxito y das por hecho que aparecerán dificultades, que vendrán los reveses y que perderás batallas. En realidad, las adversidades serán la tónica cuando nos empeñamos en ver la vida como una lucha. Desde esta mirada, nos preparamos para ser más fuerte pero no más auténticos.
De hecho, con frecuencia, medimos la fortaleza y el empoderamiento en función de los obstáculos superados. Así, sin darnos cuenta, asociamos que se está más preparado para el éxito cuanto más caparazones nos ponemos porque así van los guerreros. Con armadura.
Me digo: «Soy el más fuerte o el mejor» pero me olvido de que estoy favoreciendo una sociedad menos humana con esa estrategia.
Al final, la apuesta más valiente es atreverse a ser quien uno es, independientemente de las circunstancias.
si no conlleva el derecho a errar.
Lo sabio para lograr un éxito con sentido es abrirse a la vulnerabilidad.
El fracaso y el error se aprenden
De niños, antes de ser enseñados por el ambiente, palabras como error o fracaso son conceptos que no entendemos. Tampoco nos consideramos débiles ni unos perdedores por el hecho de que aún no hayamos logrado algo.
Tener un mal día, una mala semana o un mal mes,… ¿De qué hablas? Todo lo anterior son ideas que no se nos pasan por la cabeza. En parte, aprender cómo ir hacia un éxito con sentido, de adultos, implica desaprender lo que aprendimos y recordar lo que ya éramos.
¿Te imaginas a punto de dar tu primer paso y diciendo a tu mamá: «Puede que no sea una buena idea.»? En absoluto. No se te pasa por la cabeza. Esto de ser negativo y melodramático son actitudes que vamos imitando según crecemos.
De niños, lloramos si nos hacemos daño al caernos pero no porque dudemos de nuestra capacidad. Y no nos sale celebrar que lo hemos conseguido, pero vemos a los papas aplaudiendo y nosotros sonreímos. Alegrarse o frustrarse ante los resultados al ir hacia los objetivos no está en nuestra esencia. Lo aprendemos. Pero terminamos asociando que: «Si tengo éxito soy querible y, en el caso contrario, soy rechazado.»
Aprender cómo ir hacia un éxito con sentido, implica desaprender lo que aprendimos y recordar lo que ya éramos.
Fórmulas Adquiridas
Las actitudes adecuadas para lograr obtener un éxito que me hará sentir vacío son las siguientes.
Empujo y lucho para ser imparable y no tener derrotas.
Cuantifico lo que he logrado del objetivo para darme ánimos según lo voy consiguiendo. Me recuerdo que me había marcado unos plazos para lograrlo y, cuando no los cumplo, me fustigo. Me exijo en exceso o me critico con dureza. Luego, se lo cuento a otras personas para que me motiven. Al final, incremento falsamente mi seguridad pero mi amor propio queda condicionado a factores externos.
Explico mis planes a otras personas y luego me veo forzada a cumplir con los objetivos marcados para demostrar que soy capaz y no decepcionar.
Me obsesiono tratando de buscar una utilidad fructífera a mi tiempo. Analizando lo que me reportará mi manera de actuar. Contestándome anticipadamente al para qué de todo. Y tratando de controlarlo todo, temiendo que cualquier imprevisto sea una noticia negativa.
Me resigno cuando las circunstancias me disgustan en vez de observar profundo y aprender lo que me quieren mostrar.
Fracasar
Etimología
Sin recompensa, no tengo fuerzas
La motivación suele ser inversamente proporcional al tiempo que tardo en lograr una recompensa. Me esfuerzo y espero sacar partido a corto plazo. Si no es así, me desanimo o me impaciento. Mi mente, en su afán de seguir la estrategia de búsqueda-recompensa, no da el tiempo suficiente para ver algo palpable. Esta forma de pensar genera que tu bienestar emocional dependa de lo que está sucediendo en el exterior.
Mientras tratamos de obtener algo en contraprestación por nuestra energía, nos perdemos el momento presente y la posibilidad de hacerlo simplemente por el placer de llevarlo a cabo. Cuando nuestra prioridad es exclusivamente el resultado, perdemos la oportunidad de disfrutar el proceso.
Aprendimos que necesitamos un premio para seguir avanzando y, cuando no lo obtenemos, nos detenemos por desánimo. Las expectativas no se cumplieron y nos enseñaron que tenemos derecho a quejarnos.
Cuando un supuesto experto se equivoca, su identidad de perfección se ve amenazada y teme perder el reconocimiento de los demás. A veces, el miedo a la exposición pública dificulta que figuras reconocidas admitan sus errores. Lo que contradictoriamente influye negativamente aún más en su identidad y en su bienestar emocional.
Negocio
Etimología
Con las emociones en un cajón
Para muchos, aprender implica dejar de escuchar las emociones y mantenerse fiel al objetivo marcado independientemente de las circunstancias. Por equivocación, se confunde gestionar las emociones con ignorarlas para así tener la sensación de control.
El esfuerzo ciego, motivado solo por el miedo a perder, puede llevarnos a éxitos vacíos: una vez logrados, vemos que no nos importaban. Quizás si nos hubiéramos rendido en algún paso previo, hubiéramos podido observar que había una bifurcación en el camino andado al que no prestamos atención. Le pusimos más ganas y lo logramos, pero terminamos alcanzando el éxito de otro, y la autoestima se ve dañada porque, a toro pasado, vemos la falta de coherencia en las decisiones tomadas. No nos escuchamos.
Cuando ignoramos nuestras emociones para mantener el control, avanzamos sin un rumbo real. En esos momentos, hacer una pausa para cuestionar nuestra ruta es un acto de honestidad. Mientras la resignación nos paraliza ante las circunstancias, la capacidad de soltar una estrategia que ya no nos representa nos permite observar la bifurcación que ignoramos y recuperar la coherencia con nuestra verdadera intención.
Lo que llamamos fracaso es simplemente una fractura necesaria en nuestras estructuras rígidas para permitir que emerja nuestra forma de entender nuestro camino.
Disciplina
Etimología
y -cip- (del verbo capere)
que quiere decir "agarrar, capturar". Luego puede traducirse como "proceso de aprendizaje"
Cuando operamos desde la carencia, nuestro día a día se llena de términos como soportar, aguantar, sacrificarse y buscar recompensa inmediata. Creemos que la disciplina, la rutina o el control son las únicas herramientas para avanzar, olvidando que cuando ponemos nuestra energía desde la ilusión, el esfuerzo se transforma en energía en movimiento y deja de ser una carga. Es precisamente esa búsqueda de resultados lo que nos impide ilusionarnos, observar, aprender y fluir.
Cuando no cambiamos la tónica, nuestro corazón protesta y fomenta un stop para recalcular la ruta.
En lugar de enfocar el esfuerzo como una transacción —donde el resultado posterior valida el sacrificio—, es momento de integrar la entrega como un fin en sí mismo. Cuando sustituimos la urgencia de recibir por la capacidad de disfrutar y estar presentes mientras damos, cada acción deja de ser una carga y se convierte en una forma de habitar el presente con plenitud.
Perfecto
Etimología
Compuesto por el prefijo per- (por completo) y el verbo facere (hacer)
El mayor error: Dejar de confiar
Existe la posibilidad de simplemente confiar en la velocidad que llevamos porque nos acercamos a nuestro propio concepto de éxito.
Nos empeñamos en demostrar que valemos en lugar de estar convencidos de ello a pesar de lo que sea que acontezca en el exterior. Queremos deslumbrar en lugar de enfocarnos en lo que tenga un carácter robusto y duradero para nosotros.
La clave está en dejar de buscar validación externa para confiar en nuestro propio valor. Pase lo que pase. Esto no significa ignorar nuestros compromisos, sino transformar nuestra relación con ellos: ya no los asumimos para demostrar nuestra capacidad ante los demás, sino porque son coherentes con nuestra propia visión. Cuando el éxito nace de la confianza interna, cumplir con lo que prometemos se convierte en una expresión de nuestro compromiso con nosotros mismos, no en una carga para evitar el juicio ajeno.
Desde esa perspectiva, que no obtengamos una ganancia ahora no implica estar ante un fracaso. En realidad, no se contabiliza como pérdida. Simplemente, a veces, se deja de creer. Por falta de confianza, perdemos el foco, lo cual interpretamos como un fracaso antes de tiempo.
donde hay imperfecciones.
Ante cualquier momento de falta de respuestas, si lo viéramos con una búsqueda del tesoro, la palabra paciencia no nos vendría a la mente. Un niño, cuando empieza a caminar, no se plantea que no lo va a lograr. Simplemente observa si pasó o no pasó. Y qué funcionó y qué no. Pero da por hecho que es posible. Hablamos de dolor y de que nos hará más fuerte porque dejamos de confiar en nosotros. De pequeño, nunca lloramos de alegría. No buscamos el éxito como fin, simplemente experimentamos.
Cuanto menos supeditamos nuestro bienestar a la consecución de objetivos futuros, más atendemos nuestro presente. Esto no significa necesariamente caminar sin rumbo, sino que el éxito no es una meta final que valida nuestra existencia. La coherencia con la que tomamos cada decisión en el camino es el objetivo primordial. Construir un éxito con sentido es, en realidad, aprender a dar forma a nuestra realidad desde el placer de crear, sabiendo que el objetivo es solo una dirección, pero nuestra vida ocurre en cada paso que damos hoy.
Crear desde la mente y el corazón al unísono no es perseguir una meta por ansiedad, sino manifestar una intención. Cuando la acción nace de tu esencia, el objetivo deja de ser un destino que te exige sacrificio para convertirse en el reflejo natural de aquello que ya está viviendo en tu interior.
Paciencia
Etimología
Éxitos a destiempo que los llamamos fracasos
El 20 de abril de 1964 en la Feria Mundial de Queens, New York. la empresa AT&T mostró el Picturephone, el primer teléfono con una cámara y una pantalla que permitía hacer videollamadas. Era una idea visionaria que se presentó demasiado pronto, pero era un fracaso. Necesitaba que llegara internet para que el proceso se abaratara.
Limitado por los planes
Cuando todo lo estructuramos y lo definimos, la rigidez de la estrategia suele terminar siendo la razón fundamental de los obstáculos que observamos que no nos dejan avanzar y que llamamos fracasos. Creamos un modelo de negocio que no funciona y le dedicamos muchas horas a algo que nos condiciona.
Catalogamos y etiquetamos en positivo y negativo. Esta dualidad nos ciega para ver la realidad sin la concepción de fracaso y el éxito. La dirección correcta tiene que ver con que nuestras actuaciones se basen en el placer del aprendizaje o de crear.
Creando problemas para que no nos pillen por sorpresa
¿Qué hay de esos momentos en los que te sientes tan afortunado que tienes miedo a que lleguen las malas noticias? Para que no nos pillen de improviso, generamos problemas predefinidos antes de que otros nos amarguen la existencia. Así nos parece mejor opción repetir inconvenientes que ya hayamos atravesado porque al menos nos son familiares.
De camino al éxito, cargando
El supuesto error se convierte en un peso pesado cuando además le añadimos el sentimiento de culpa o el arrepentimiento. Te sientes mal cuando crees que has hecho algo que va en contra de las normas morales o sociales, o cuando sientes que has fallado o dañado a alguien, o no has cumplido con las expectativas. «No he dado la talla.» o «No he estado a la altura»- te dices. Sólo hablas de un listón que tú te has puesto.
Cuantas más piedras carguemos, más nos costará caminar y tomar acción en el presente. No tiene ninguna utilidad lamentarse por lo que ya pasó. Las decisiones que tomamos son las adecuadas en función de la información que tenemos en cada momento. Y tuvo su utilidad para ti y para los demás intervinientes. Si te paras a analizarlo bien, con la perspectiva del tiempo, algo aprendiste. Y si tú lo hiciste, ¿Qué te hace pensar que los demás no obtuvieron el mismo regalo?
Si la leche se echa a perder, se convierte en yogur. El yogur es más valioso que le leche. Si empeora aún más, se convierte en queso, que es más valioso que la leche y el yogur.
Si el jugo de la uva se vuelve amargo, se transforma en vino, que es más caro que el zumo de la uva.
Cristóbal Colón cometió un error de navegación que le llevó a toparse con América. Alexander Fleming inventó la penicilina porque se equivocó.
Un corazón curioso y explorador
Te sientes mala persona y vives tu decisión como algo perjudicial. Pero, de niño, no naciste con estos sentimientos. Llegaste libre. Después aprendiste a sonrojarte cuando metes la pata, a castigarte o a maltratarte. Te enseñaron esa forma de pagar por los errores.
Anthony Hopkins, el famoso actor protagonista de dos películas donde hace de malo, malísimo, recomienda ser bueno pero con uno mismo. Esta filosofía te empodera y fuerza a los demás a hacer lo mismo.
y sigo teniendo ganas de hacer travesuras.
Quien más aprende es quien más se equivoca.
Fracasar es no saber aún cómo
No tener respuestas nos incomoda. Muchas veces nos ponemos a actuar para evitar la sensación de pérdida. No nos gusta lo que sentimos así que evitamos detenernos. En movimiento, se nota menos.
En la vida, enfrentarse a lo desconocido es como recorrer un laberinto. Podemos disfrutar del proceso porque confiamos en nuestra capacidad para encontrar la salida y, en ese transitar, integrar la guía o el conocimiento de otros como información que puede enriquecer nuestra perspectiva.
Sin embargo, en ese dejarse guiar, se requiere mantener intacta la responsabilidad de nuestras decisiones. El otro nos acompaña o nos orienta, pero somos nosotros quienes elegimos nuestro propio camino y quienes damos el paso final.
Estamos con algo que nos importa y le ponemos nuestra energía. Desde ahí, lo que ocurra no implica que sea un obstáculo. Eres constante porque tiene sentido para ti. Te llena y te produce placer. Cada paso que das ya es una celebración. Aunque no haya resultados desde el mundo. Puedes parecer cabezota pero sólo estás creando lo que tienes en la mente y en el corazón. Es posible que otros aún no lo vean o no sepas transmitirlo. Pero algo internamente te dice que es lo correcto y, al final, a la gente le llega.
El éxito no se trata de intentarlo más veces. Ni arriesgar más. Ni atreverse a fallar para estar más cerca. Sino OBSERVAR y SENTIR. No es que salga mal. Es que no paras a meditar. Estamos tan preocupados por no desaprovechar la vida que no prestamos atención a la importancia de los STOPs para concretar adecuadamente nuestra manera de tener éxito.
en otra dirección.
¿Qué realidad interpretan los demás para ti?
La realidad que vivimos es un reflejo de lo que llevamos dentro. Luego si prestamos atención a los detalles de nuestro día a día, podemos ver lo que acontece en nuestro interior. Cuando pasan los años, si no revisamos las ideas que se quedaron marcadas en el inconsciente, sin darnos cuenta, tomamos decisiones en función a ellas y terminan condicionando notablemente la vida que vivimos.
Con frecuencia, en frente aparecen figurantes que nos representan frases que nos decimos a nosotros mismos en privado: «No me lo merezco.» «No soy suficiente.» «No encajo.» «No he hecho lo suficiente.»…. Y un innumerable listado. Cuando observamos lo que representa nuestro exterior y nos reímos, la realidad se transforma como por arte de magia porque hacemos un click.
A base de decisiones coherentes, construimos nuestro concepto particular de éxito.
Las experiencias que tenemos no ocurren por casualidad. Tratan de hacer consciente nuestro inconsciente. Por eso, es conveniente fijarse en las personas que nos rodean porque tienen una resonancia con lo que sentimos. Si tu exterior cuenta tu misma niñez, es muy probable que las heridas de la infancia se mantengan vigentes en la actualidad.
El cuerpo tiene memoria y requerimos experimentar escenarios para resetear la información que guardan nuestras células. Gracias a revivir con visceralidad y conciencia, accedemos al aprendizaje que lleva consigo el contexto. Esa información nos generará sorpresa y el cerebro producirá dopamina. Ese estímulo agradable ayudará a fijar la nueva información y a crear una nueva reconexión de neuronas para que, en la próxima ocasión, decidamos de otra manera.
Gracias a revivir con consciencia, accedemos al aprendizaje que lleva consigo el contexto. Esta integración no es una mera reacción química, sino un cambio en nuestra arquitectura mental que nos permite, en la próxima ocasión, decidir desde un lugar de mayor calma y autoconocimiento.
A base de decisiones coherentes, transformamos nuestra forma de habitar el mundo y construimos nuestro concepto particular de éxito.
que necesitaba aprender.
Los detalles hablan. Elegir desde la obligación o desde el complacer, desemboca en escenarios repetitivos y poco gratificantes que poco tienen que ver con seguir al corazón ni con conectar con el amor. Nos encierra en círculos. Mientras que elegir desde la coherencia nos abre a nuevas posibilidades.
En muchas ocasiones, los aparentes fracasos son la manera de caer en la cuenta de que no era tan importante lo que me decía que lo era.
En el camino a alcanzar un éxito con sentido, la frase más potente no es que otro me diga «Yo creo en ti» sino que yo misma sea capaz de sentirlo. «Yo creo en mí» es la mejor de las compañeras en los momentos de oscuridad que atravesarás. Si decides viajar en compañía, no estoy aquí para darte una luz ajena, sino para recordarte la tuya cuando la oscuridad te haga dudar de lo que llevas dentro. Somos faros que, al encontrarse, se ayudan a reconocer el brillo propio. Nunca a sustituirlo.
Yolanda
Traductora de lo Intangible
El error es un proceso natural y no un fallo.
De niños no entendemos el "fracaso" como algo negativo ni nos definimos por los resultados. Al crecer, aprendemos a temerle para evitar el juicio ajeno y el castigo, lo que nos paraliza y nos hace optar por la seguridad en lugar de la experimentación.
Volver a elegir un éxito con sentido.
Al intentar evitar el error a toda costa, dejamos de tomar decisiones reales. La "no decisión" es, en sí misma, una elección que nos lleva a procrastinar y a permitir que las prioridades de los demás ocupen el lugar de las nuestras, traicionándonos a nosotros mismos.
Las decisiones coherentes deshacen la sensación de vacío.
Cuando perseguimos metas impuestas por presiones externas (imagen, plazos, recompensas inmediatas), al alcanzarlas, nos dejan una sensación de vacío. El verdadero éxito no es la acumulación de logros, sino actuar desde la coherencia interna y el placer de crear, en lugar de hacerlo por obligación o necesidad de validación.
Espacio para una Vulnerabilidad Empoderada.
En lugar de ver la vida como una "lucha" donde nos protegemos con armaduras, debemos abrirnos a la vulnerabilidad y a la observación. Los errores no son pérdidas, sino redirecciones. Nos indican que debemos detenernos, recalcular y confiar en nuestra capacidad de aprendizaje. Asumir la responsabilidad de nuestras decisiones es lo que nos devuelve el empoderamiento, liberándonos del victimismo. La culpa no tiene espacio en esta ecuación.
La importancia del STOP para nuestro bienestar emocional.
Gestionar emociones no es "ignorarlas" para mantener el control. El bienestar real nace de integrar las emociones en tu vida y no de archivarlas en un cajón. La meditación y la observación consciente son herramientas indispensables para recalcular la ruta y evitar el agotamiento de tomar decisiones por inercia.
Confianza en tu manera.
Nuestra realidad exterior es un reflejo de nuestras creencias internas. Superar el miedo al error implica dejar de buscar la aprobación externa y empezar a creer en nuestro propio valor, comprendiendo que cada "fracaso" es simplemente una oportunidad para resetear patrones inconscientes, y andar un camino propio y único.
Liderando con coherencia hacia un éxito con sentido.
Para encontrar una vida con sentido, debemos realizar una labor de "desaprendizaje", recuperando la curiosidad y la libertad sin juicios que teníamos en la infancia. Tratar la vida como una batalla constante para ser "el más fuerte" crea un caparazón que nos hace menos humanos y, paradójicamente, menos auténticos. Seguir caminos trazados por otros (con objetivos, plazos o metas rígidas) nos desconecta de nuestra propia brújula y termina provocando una traición a nuestra esencia.










