A menudo nos venden que la cima es el destino final, pero nadie nos advierte de cómo se respira allí arriba. En nuestra consultoría vemos a diario cómo el «éxito» basado en la fuerza bruta, el sacrificio y la desconexión emocional dan como resultado a triunfadore/as que han traicionado su propia esencia.
He aquí 4 finales habituales de muchas personas sin bienestar emocional pero que, paradójicamente, eran consideradas la imagen del éxito. Cuando el dinero deja de ser una herramienta y se convierte en una armadura para maquillar la indigencia emocional de quien no se sabe valioso por lo que es, en muchas ocasiones, lo viven todo en una única vida.
1. Bancarrota después de hacer apuestas arriesgadas que no salieron como se esperaba.
Esta historia se repite una y otra vez. Crisis económicas que llevan al desplome de la banca y de los mercados. Y, con ello, a perder altas sumas de dinero. Grandes magnates que antes figuraban en las listas de los hombres más ricos del mundo y, con sus vidas, enfocadas exclusivamente en los negocios; y, de pronto, sus imperios se desploman.
Un ejemplo. Adolf Merckle, en la recesión de 2008, perdió miles de millones de dólares por malas inversiones, particularmente en Volkswagen.
Las turbulencias en la economía que genera la caída de la demanda, unido a un crecimiento de los números a base de especulación o estafas piramidales les lleva a estar ante una realidad que no son capaces de aceptar. No saben cómo hacer frente a las deudas y confunden su patrimonio con su identidad.
Cuando, para «llegar alto«, dejas de ser tú, es fácil caer en la depresión. Si te despojan del personaje que creaste para ascender, sentirás ansiedad al no recordar quién eres sin él.
2. El Suicidio como método para acabar con el vacío existencial.
Puedes estar en la cumbre y ser admirado por el mundo y, sin embargo, sentir que no has encontrado tu sitio. Muchos de estos perfiles crearon un personaje de ficción para cubrir las expectativas de la sociedad, sus familias o sus socios.
Personas respetadas y de alto standing, habituales de la jet set, que ponen fin a sus días porque las cosas no pasaron como esperaban. Se fueron haciendo un nombre con la ayuda de la interpretación mientras se perdían a sí mismos en el camino.
Con más frecuencia de lo que debería, mientras que los demás sueñan en grande gracias a su ejemplo, las fuentes de inspiración no saben cómo encontrar sentido a su existencia. Sin obtener respuestas claras, y ante la presión interior y exterior, optan por la muerte.
Una vez que admiten que se estás escondiendo de los demás y de si mismo/as, no es tan descabellado pensar que desaparecer de manera definitiva sea la solución obvia.
Son muchos los ejemplos en todos los ámbitos de las altas esferas. Después de no encontrar cómo dar espacio a su sensibilidad y a su vulnerabilidad, el final les parece la mejor opción.
Sin herramientas para gestionar la sensibilidad, incluso el talento más extraordinario puede sentirse como una condena.
Cuando el aplauso cesó, no había un «yo» sólido debajo del maillot de campeón. No existía sin ser el mejor.
Cuando la constancia se convierte en una sutil forma de auto-abandono motivada por el miedo, el peso de la máscara es insoportable.
La tragedia no la trae la ambición, sino el olvido de uno/a mismo/a.
3. A Prisión por traspasar la legalidad y la ética.
Donde, al principio, había una persona triunfadora, después, se descubre que había un delincuente. Son innumerables los casos de personas que pasan de estar en el ranking Forbes a ir a la cárcel.
Las estafas piramidales (esquema Ponzi) que cometieron Bernard Madoff y Allen Stanford, consiguiendo la confianza de miles de ahorradores tras prometerles rendimientos más altos que el resto del mercado, lograron desestabilizar al mundo entero cuando salió a la luz que habían evaporado los fondos de millones de personas mientras realizabas inversiones arriesgadas y financiaban su lujoso estilo de vida.
Jeffrey Epstein fue multimillonario gracias a la creación de una red de prostitución (en muchas ocasiones, de menores de edad) para la jet set.
John Kapoor, fundador de la farmacéutica Insys Therapeutics, sobornaba a médicos para que recetaran un fármaco altamente adictivo compuesto de fentanilo, incluso a personas que no lo necesitaban, para aumentar sus ventas.
Raj Rajaratnam, el fundador del Grupo Galleon, un fondo de inversiones de Nueva York, fue detenido por haber utilizado información confidencial y privilegiada para obtener ganancias financieras.
Thomas Kwok, el copropietario de Sun Hung Kai Properties, una firma inmobiliaria china, sobornó a Rafael Hui, número dos del gobierno entre 2005 y 2007, a cambio de beneficios para sus empresas.
Prakash Hinduja era un prestigioso hombre de negocios hasta que se conoció que explotaba laboralmente a sus empleados. Indios y compatriotas, a quienes les prometía un futuro mejor, pero les quitaba el pasaporte para someterles. Estos trabajadores no tenían acceso al poco dinero que cobraban y tenían extenuantes jornadas laborales.
Changpeng Zhao, el rey de las criptomonedas, terminó entre rejas por estar en el filo de la legalidad y no poner medidas contra el lavado de dinero.
Elizabeth Holmes parecía una estrella de Silicon Valley hasta que se comprobó que toda su vida era un engaño y sólo era una estafadora. Decía haber desarrollado con éxito un fácil sistema de diagnóstico que además era portable. Sin embargo, ocultaba miles de fallos graves con terribles consecuencias para los pacientes. Durante un tiempo, logró intimidar y silenciar cualquier voz que tratara de poner en duda su tecnología. Hasta que la verdad salió a la luz.
Al principio, Trương Mỹ Lan utilizó sus contactos con altos cargos comunistas para acceder a terrenos estatales a precios irrisorios. Después de ser propietaria de varias cadenas de hoteles y diversos bienes raíces, con estrategias ilegales, consiguió ser propietaria en secreto de más del 90% del banco más grande de Vietnam. A partir de ese momento, el 93% de los préstamos que concedía esta entidad financiera iban dirigidos a ella y a sus empresas. Fue de tal magnitud la malversación de fondos que fue sentenciada a pena de muerte al menos que devuelva el 75% de lo que robó.
Estas personas creían que sus fortunas les convertía en intocables pero, en muchas ocasiones, precisamente por ser multimillonario eres un objetivo porque otro magnate te ve como una amenaza y te buscará las cosquillas.
Cuando se fusiona el ser con el tener, la pérdida del estatus se percibe como un ataque mortal contra el Yo.
4. Locura y desconexión de la realidad por miedo al descontrol.
Cuando por costumbre, se sienten superior a los demás y ponen cierta distancia, es fácil perder el contacto con la realidad aunque, a veces, por ser rico, lo llamen excentricidad. Tratar de controlar la vida a través del dinero camufla la necesidad de no sentir la vulnerabilidad de ser, simplemente, humano.
Salvatore «Sam» Cerreto salía todas las noches por las calles de Sydney para decidir a la puerta de qué restaurante cagaba en esa ocasión. Hasta que fue pillado in fraganti.
Cuando el nieto de J. Paul Getty fue secuestrado, inicialmente, se negó a pagar el rescate de 17 millones de dólares que le pidieron, hasta que llegó parte de su oreja a un periódico y se lo pensó mejor. Finalmente aceptó entregar el importe que era fiscalmente deducible de impuestos (2,2 millones de dólares). Para entonces, el nieto llevaba cinco meses secuestrado y estaba traumatizado lo que le llevó a ser drogadicto.
Jocelyn Wildenstein escaló posiciones socialmente y se convirtió en una celebridad gracias a su belleza. Sin embargo, se aficionó a la cirugía estética y se transformó en la novia de Frankenstein mientras trataba de parecerse a un felino.
Robert Durst pertenecía a una familia con un gran fortuna inmobiliaria y fue acusado de matar a su mujer porque quería divorciarse, a su asistente porque conocía su secreto y a un vecino en defensa propia.
Muchos líderes suben la montaña buscando seguridad y descubren que, cuanto más alto llegan, más miedo tienen a mostrar que son humanos.
Estos finales no son advertencias sobre el dinero, sino sobre la desconexión. La tragedia de estos perfiles no fue su ambición, sino el olvido de su propio cuerpo y de su verdad emocional en favor de un éxito que, al llegar, les encontró ausentes de sí mismos.
En el nuevo paradigma que estamos construyendo, el éxito ya no se mide por cuánto eres capaz de acumular o de resistir, sino por cuánta coherencia eres capaz de sostener. El liderazgo del futuro no pide que seas fuerte, sino que seas íntegro/a y aceptes tu vulnerabilidad como la puerta de acceso a tu intuición más aguda.
Si te pasas la vida bloqueando lo que sientes para «ser productivo/a», terminarás siendo un/a extraño/a en tu propio imperio. Es hora de dejar de luchar contra lo que percibes y empezar a usarlo a tu favor. Porque al final del día, el activo más valioso de tu empresa no está en el balance de situación, sino en tu capacidad de estar presente, despierto/a y en paz. Si buscas dejar atrás las estructuras rígidas y el micromanagement para salvar tu salud, quizás es el momento de mirar más allá de los datos. ¿Hablamos?




